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POLÍTICA MODERNA DE INDUSTRIALIZACIÓN: El desafío de la agroindustria paraguaya

Al cierre de este año, desde la Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO) ratificamos que la agroindustria paraguaya, y en particular el procesamiento de la soja, tiene un rol central en el desarrollo económico y la soberanía comercial del país, dijo el presidente del gremio, Raúl Valdez. 

La industrialización de una de las principales fuentes de ingreso de divisas del Paraguay no solo permite agregar valor a la producción primaria, sino también ampliar la oferta de productos para el mercado interno, fortalecer las exportaciones hacia los 35 destinos internacionales y abrir nuevos mercados, reduciendo el riesgo de dependencia y otorgando diversificación. Esto permite un comercio exterior más estable y resiliente frente a shocks externos.

Este potencial quedó demostrado este año en un contexto internacional complejo. Factores externos como los conflictos geopolíticos y los cambios en las políticas de países competidores limitaron la exportación de soja en estado natural. Sin embargo, lejos de perderse, ese volumen fue procesado localmente: se transformó, se le agregó valor, se fortaleció el consumo interno de productos nacionales y se incrementaron las exportaciones de derivados. Fue una respuesta eficiente de la agroindustria ante una coyuntura adversa. 

Pero el desarrollo del sector no puede depender de circunstancias fortuitas ni de la suerte. Estamos convencidos de que el crecimiento industrial del Paraguay solo será sostenible si se apoya en políticas públicas estables, previsibles y persistentes en el tiempo, que respeten las reglas de juego para quienes ya apostamos por invertir en el país con una visión de largo plazo.

En ese marco, el planteamiento de la agroindustria para corregir distorsiones fiscales que imitan su competitividad no debe interpretarse como un beneficio sectorial, sino como una herramienta económica clave para liberar capital de trabajo, reactivar inversiones, ampliar la capacidad instalada y generar más empleo, mayor industrialización y un impacto positivo en toda la cadena productiva.

Valoramos el esfuerzo del Gobierno por fortalecer la confianza del mercado internacional, reflejado en la obtención del segundo grado de inversión, y celebramos las oportunidades que esto abre para atraer nuevas industrias al Paraguay. No obstante, creemos que ese mismo énfasis debe aplicarse también al cuidado de quienes invierten y producen en el país desde hace más de una década. Las empresas satisfechas se convierten en las mejores embajadoras del Paraguay.

Promover nuevas inversiones debe ir necesariamente de la mano de cuidar a las industrias que hoy están produciendo, empleando y exportando. Actualmente, la agroindustria nacional de soja opera a más del 80 % de su capacidad instalada por una cuestión coyuntural y aspira a alcanzar el 100 % de forma permanente por encima de cualquier coyuntura, lo que permitirá un fortalecimiento de toda la cadena productiva. 

El 2025 dejó lecciones claras. El 2026 exige decisiones. Industrializar más no es una decisión sectorial, es una decisión estratégica del país. Con políticas adecuadas, la agro-industrialización puede impulsar con mucha fuerza el desarrollo económico del país.

CAPPRO continuará contribuyendo para avanzar en el camino hacia un Paraguay más industrializado.